Para salas, programadores y festivales
Residencias, sesiones temáticas y grandes formatos. Que la gente entre, se quede y vuelva el sábado siguiente.
Una sala no se llena con una buena sesión. Se llena cuando esa gente vuelve semana tras semana: entra un sábado, se lo pasa bien, y vuelve el siguiente. Eso no lo consigue un repertorio cerrado, lo consigue alguien que conoce a tu público y no toca lo mismo dos veces.
Lo que aporto a una sala
Un bolo suelto se prepara una vez. Una residencia hay que sostenerla semana tras semana sin que la gente note que se repite, y ése es un trabajo distinto: llevar registro de lo que funcionó, rotar sin perder el hilo, y reconocer a los habituales.
He tenido residencias importantes en discotecas como Va Bene, Bugatti, Oku, Pacha, Puerto Di Roma y Queens, entre otras, la mayoría en sesiones de tarde y de noche.
En un festival cambia todo: el público es más numeroso, más joven y más impaciente, el escenario impone sus tiempos y hay que coordinarse con técnicos de luces y sonido que no son tuyos.
He tocado en los dos mayores guateques del país —Tomelloso y Pontevedra—, en el festival La Movida Alicantina, y estuve dos años de gira con Fórmula V como VideoDJ y técnico de visuales, recorriendo España y Latinoamérica.
He compartido cabina con Wally López, Fernandisco, DJ Valdi, Juan Magán, José María Castell, Toni Peret, Quique Tejada, NERVO, Brian Cross, Abel Ramos y DJ Neil, entre otros.
📷 Falta foto — La cabina en una sala llena
Qué: tú en cabina de noche, con la pista llena al fondo y la pantalla encendida.
Encuadre: horizontal, desde detrás o de lado. De espaldas al público, sin caras reconocibles.
Por qué: un programador de sala quiere ver la sala llena antes que leer nada.
Pie previsto: «Residencia de los sábados, en plena sesión.»
Esto no suele estar sobre la mesa y debería.
Durante una sesión, cientos de personas miran repetidamente a una pantalla grande. En cualquier otro contexto —una valla, un escaparate— eso tiene un precio por impacto. En una sala, esa pantalla suele estar con un salvapantallas o con un bucle que nadie mira.
Los logotipos de patrocinadores o de marcas locales pueden integrarse en el espectáculo, apareciendo entre videoclips en lugar de en un banner fijo que el ojo ignora. Para la sala, eso convierte un gasto en una fuente de ingresos.
Una noche de los 90 no es poner canciones de los 90. Es construir la sesión con el material visual de la época, con los temas que esa generación concreta reconoce, y con un orden que aguante cuatro horas sin repetir el recurso fácil a los veinte minutos.
Trabajo con temáticas cerradas —años 80, 90, remember, latino, guateque— y también montadas a medida para una fecha concreta de tu programación.
Y el desplazamiento: con base en Alicante y disponibilidad en toda España. Fuera de la provincia se presupuesta aparte.
Dime qué noche es, qué público tienes y si la sala pone equipo. Con eso te paso un presupuesto cerrado y hablamos de cómo montar la sesión.